domingo, 7 de diciembre de 2014

Rebobinado

Era un frío día de octubre, a pesar de todo, la brisa se sentía refrescante cuando golpeaba mi rostro. Camina rumbo a mi casa, cuando me encontré con una amiga. Parecía perdida, distante. Por alguna extraña razón, me daba miedo preguntarle que le sucedía, pero mi curiosidad pudo más que mi miedo así que me acerque a saludarla.

- Hola –la salude pero no me respondió, parecía que buscaba algo con desesperación. Estaba a punto de marcharme pero estaba curioso de qué era lo que le sucedía. Así que volví a hablarle.

- ¿Te perdiste? –pregunte.
- No. –contestó ella.
- Entonces, ¿qué buscas?
- A mi corazón...

Me quedé asombrado por su respuesta, pero cómo rayos alguien pierde su corazón. Así que tontamente le pregunté: ¿Y cuándo lo perdiste?

Ella, me miró fijamente con los ojos desorbitados, a tal punto que pensé que se le saldrían de las cuencas. Di un paso atrás, más por precaución que por miedo. Pero en un instante cambio su reacción, ahora era triste, aspiro aire antes de contestarme.

- Fue cuando… -hizo una pausa tan larga, que pensé nunca contestaría.
- Cuando qué…
- Cuando decidí dejar de pensar en él.
- ¿En quién?
- En la persona que ame hasta hace un año.

Ahora tenía sentido, sabía poco sobre su historia, pero llegue a conocerlo. Habían tenido 8 años de noviazgo y todos pensábamos que el siguiente paso era verlos casados y con hijos. Después de no verla por 3 años, un día me enteré que ya no estaban juntos.

- Pero, en serio, perdiste tu corazón.
- Bueno, que no escuchaste, el maldito se fue cuando deje de extrañarlo. Ahora necesito que regrese.

Me gritó con desesperación, no lo tome a mal, me imaginé que si alguien pierde su corazón era lógico actuar de esa manera. Me dio ternura verla en esa situación, ella siempre fue alegre y rara vez se le veía molesta o triste, así que decidí ayudarla en su búsqueda.

- ¿Cuándo fue la última vez que lo viste?
- Hace un mes, cuando tire a la basura una caja con algunos recuerdos. Mi corazón se molestó, salió corriendo. No me preocupe demasiado, pensé que regresaría cuando comprendiera porque lo hice, pero el inútil es tan irracional.

Tenía razón, en muchas ocasiones el corazón no entiende de razones.

- ¿Y tienes alguna idea de dónde podrá estar?
- Si tuviera alguna idea, no seguiría buscando.
- Es correcto, pero, debe de haber algunos lugares en donde tu corazón deseará ir. Por ejemplo, aquellos que visitabas con él.

Ella ni siquiera me miró cuando saco de su bolsa un pequeño cuaderno donde estaban anotados nombres de varios lugares a los que mi amiga y el susodicho habían recorrido juntos. Casi todos tachados. Pero me llamó la atención uno que se encontraba escrito en mayúsculas, decía “El que hubiera sido nuestro hogar”. No quería preguntarle directamente, su carácter era tan cambiante que no quería perturbarla más, así que cambie mi pregunta.

- ¿Por qué tiraste la caja de recuerdos? – mi amiga, volteo hacia un lado, me dio la sensación que sus ojos se pusieron llorosos y no quería que la viera.
- Porque me entere que se había casado, así que ese día decidí olvidarle por completo. Y fue por eso que la tire.

La situación se había complicado, era más que lógico donde se encontraba su corazón.

- Vamos. – le dije y la tome del brazo.
- ¿Estás loco? ¿A dónde vamos?
- No lo sé, tú me lo dirás.
- Decirte qué…
- ¿Dónde vive él?

Después de escucharme, ya no opuso resistencia.

Cuando llegamos, ella bajo del auto tan rápido que no espero a que terminará de estacionarme. La seguí y de pronto se detuvo, casi tropezamos. Ella miró fijamente hacia la ventana de una casa que se encontraba a unos cuantos metros de nosotros. Afuera, se encontraba su corazón, este miraba hacia dentro de la casa. Como ya estaba oscureciendo, las luces estaban encendidas por lo que se podía ver en el interior.

La escena dentro de la casa era como de película romántica, una pareja veía la televisión, sentados en un amplio mueble y tapados con una cobija de cuadros azules con blancos. El brazo de él pasaba sobre el hombro de ella, mientras que ella se acurrucaba sobre su pecho y lo abrazaba.

- Míralo, tenía razón, ahí está el fugitivo.

Avance unos cuantos pasos, cuando mi amiga de detuvo.

- No, déjalo, que regrese cuando lo acepte.

Y así, sin decir otra palabra, nos fuimos.



Habían pasado 3 meses, me encontraba pidiendo un café en un Starbucks, cuando vi sentada en un rincón a mi amiga. Estaba sola, para variar, pero se veía tranquila. Me acerque para saludarla, fue más para saber si su corazón había regresado que si ella se encontraba bien.

- Hola. –le dije. Mi amiga subió la mirada, ya que leía un libro. Me sonrío tan cálidamente que mi corazón se estremeció. –¿Me puedo sentar? – le pregunté.
- Claro, pero… ¿cómo has estado?
- Bien, gracias. ¿Y tú?

Ella me miró tan fijamente, que por alguna razón me temblaron las manos.

- Vamos, pregunta lo que quieres saber.

Sentí como mi cara se ponía roja, era obvio que deseaba conocer el final de la historia de su corazón adolorido, pero no quería preguntarle directamente.

- Pues mi corazón regresó tres días después. – me dijo ella al ver que no articulaba palabra alguna. Me contó como el corazón había aceptado que ya todo había terminado entre el susodicho y ella, y que no podía hacer nada al respecto.

Platicamos por casi 4 horas. Hablamos sobre el trabajo, familia y nuestros años en la universidad. Al salir del café, mientras nos despedíamos, ella me beso en la mejilla derecha. Mi corazón comenzó a rebobinarse a los días de estudiante cuando yo estaba enamorado secretamente de mi mejor amiga.

Al verla alejarse, mi corazón quiso ir tras ella pero lo detuve.

- No es el momento. – le dije, me di la vuelta y me aleje también, mientras mi corazón protestaba porque no entendía razones.


Samelh
141207


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